
Las divergencias entre los dirigentes del Llano (Faustino Pérez, Armando Hart, Enrique Oltuski, Frank País, René Ramos Latour…) y de la Sierra (los dos Castro y Guevara, fundamentalmente) estallaron desde antes de la muerte de País, pero se agudizaron a fines de año, cuando la dirigencia urbana pactó con políticos "auténticos" y "ortodoxos", exiliados en Miami, como el ex presidente Carlos Prío Socarrás y los líderes de la ortodoxia Roberto Agramonte y Manuel Bisbé. A nombre del 26 de Julio, Felipe Pazos y Léster Rodríguez firmaron el Pacto de Miami, con esos y otros políticos de la oposición pacífica, como Manuel Antonio de Varona y José Miró Cardona. A pesar de que Castro había firmado el Manifiesto de la Sierra, con Pazos, en marzo del 57, que proponía más o menos lo mismo que el Pacto de Miami, y de que los representantes del 26 de Julio en el exilio, Mario Llerena y Raúl Chibás, tenían instrucciones de negociar con aquellos políticos, los jefes de la Sierra montaron en cólera, reprendieron a los dirigentes del Llano y llegaron a pedir que Pazos y Rodríguez fueran declarados "traidores a la Revolución" y fusilados.
Luego de la desautorización del Pacto de Miami, por Fidel Castro, el 14 de diciembre de 1957, esto escribía el Che Guevara a
Ramos Latour:
Pertenezco
por mi preparación ideológica a los que creen que la solución de los problemas
del mundo está detrás de la llamada cortina de hierro y tomo este movimiento
como uno de los tantos provocados por el afán de la burguesía de liberarse de
las cadenas económicas del imperialismo. Consideré siempre a Fidel como un
auténtico líder de la burguesía de izquierda, aunque su figura está realzada
por cualidades personales de extraordinaria brillantez que lo colocan muy por
arriba de su clase. Con ese espíritu inicié la lucha: honradamente sin esperanza
de ir más allá de la liberación del país, dispuesto a irme cuando las
condiciones de la lucha posterior giraran a la derecha (hacia lo que Uds.
Representan) toda la acción del Movimiento. Pareciéndome imposible lo que
después supe, es decir, que se tergiversaba así la voluntad de quien es
auténtico líder y motor único del Movimiento, pensé lo que me avergüenzo de
haber pensado.
Ramos Latour, que en
octubre había subido a la Sierra a debatir la idea del Pacto de Miami con los comandantes, responde a Guevara:
Supe
desde que te conocí de tu preparación ideológica y jamás hube de referirme a
ello. No es ahora el momento de discutir “donde está la salvación del mundo”.
Quiero sólo dejar constancia de nuestra opinión, que por supuesto es
enteramente distinta de la tuya. Considero que no hay en la Dirección Nacional
del Movimiento ningún representante de “la derecha” y sí un grupo de hombres
que aspiran a llevar adelante con la liberación de Cuba, la Revolución que,
iniciada en el pensamiento político de José Martí, luego de su peregrinar por
las tierras americanas, se vio frustrada por la intervención del gobierno de
los Estados Unidos en el proceso revolucionario. Nuestras diferencias
fundamentales consisten en que a nosotros nos preocupa poner en manos de los
pueblos tiranizados de “nuestra América” los gobiernos, que respondiendo a sus
ansias de Libertad y Progreso, sepan mantenerse estrechamente unidos para
garantizar sus derechos como naciones libres y hacerlos respetar por las
grandes potencias.
Y agrega:
Nosotros
queremos una América fuerte, dueña de su propio destino, una América que se
enfrente altiva a los Estados Unidos, Rusia, China o cualquier potencia que
trate de atentar contra su independencia económica y política. En cambio los
que tienen tu preparación ideológica piensan que la solución a nuestros males
está en liberarnos del nocivo dominio “yanqui” por medio del no menos nocivo
dominio “soviético”…. En cuanto a mí,
puedo decirte que me considero un obrero; como obrero trabajé hasta que
renuncié a mi salario por incorporarme a las Fuerzas Revolucionarias de la
Sierra, abandonando al mismo tiempo mis estudios de Ciencias Sociales y Derecho
Político, que había emprendido con la esperanza de prepararme debidamente para
servir mejor a mi pueblo. Soy obrero, pero no de los que militan en el Partido
Comunista y se preocupan grandemente por los problemas de Hungría y Egipto, que
no pueden resolver, y no son capaces de renunciar a sus puestos e incorporarse
al proceso revolucionario que tiene, como fin inmediato, el derrocamiento de
una oprobiosa dictadura.