
Es el caso, por ejemplo, del reciente libro, Liberalism. A Counterhistory (New York, Verso, 2011), del filósofo italiano, profesor de la Universidad de Urbino, Domenico Losurdo. A partir de relecturas de clásicos del pensamiento liberal (Locke, Burke, Tocqueville, Constant, Bentham, Sieyés…) y de visitas a documentos de algunos estadistas del siglo XIX, sobre todo, norteamericanos y británicos, como Calhoun, Jefferson, Lord Acton o Gladstone, Losurdo llega a la conclusión –nada nueva, por ejemplo, para el marxismo latinoamericano- de que el liberalismo no fue una doctrina de la libertad sino de la esclavitud y el colonialismo.
Es evidente que muchos pensadores liberales de los siglos XVIII y XIX –no todos- defendieron los regímenes coloniales y esclavistas de Europa en las dos Américas y el Caribe. Pero tan evidente como eso es que las ideas liberales impulsaron los movimientos independentistas y abolicionistas en esas mismas regiones, desde la Revolución Haitiana, en 1791, hasta la consumación de las independencias hispanoamericanas, en 1823. Una historia del liberalismo occidental que excluya la tradición liberal latinoamericana del siglo XIX no es, no puede ser, una contrahistoria.
Con el fin de identificar liberalismo, colonialismo y esclavitud, Losurdo borra la gran corriente abolicionista y anticolonial del propio liberalismo europeo, que va desde Thomas Clarkson en Gran Bretaña hasta Víctor Hugo en Francia. Y junto con esta última, desconoce el pensamiento de republicanos latinoamericanos como Simón Bolívar, a quien comenta de pasada, Fray Servando Teresa de Mier o José Martí, y de liberales como José María Luis Mora o Domingo Faustino Sarmiento, a quienes ni siquiera menciona.