El martes falleció a los 101 años el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss. Más de un siglo vivió el estudioso de las estructuras elementales del parentesco. Una larga vida para un pensador de la vida. Este último aspecto, el del pensamiento de la vida, fue el que más llamó la atención del poeta mexicano Octavio Paz, quien en 1967 dedicó al autor de Tristes trópicos (1955) y El pensamiento salvaje (1962), un ensayo titulado Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo, reeditado el año pasado con motivo del centenario del antropólogo.
Paz contaba que había conocido la obra de Lévi-Strauss a través de George Bataille. El interés del mexicano por la antropología francesa era un hábito heredado de las vanguardias, especialmente, del surrealismo, al que estuvo vinculado en su juventud. México, por otro lado, era un tema ineludible de la antropología y del surrealismo, por lo que la lectura de Lévi-Strauss por Paz estaba predestinada. Sólo que Paz leía como poeta: pocos, antes que él, leyeron la prosa de Lévi-Strauss como una marca de Bergson, Proust y Breton y pocos habían colocado al antropólogo en la tradición del “moralismo” francés.
Aunque Paz suscribía entonces la “crítica de las instituciones occidentales” que proponía Lévi-Strauss, no entendía ésta, únicamente, a partir de sus conexiones con el estructuralismo de Saussure sino de una mixtura entre Marx y Freud que, por momentos, recuerda algunas ideas de Deleuze y Guattari. Paz vendría siendo un postestructuralista avant la lettre, para quien la antropología era literatura y el estudio de las comunidades primitivas formaba parte de una reubicación del sujeto en la naturaleza, similar a la que trasmitían las fábulas de Esopo.
Cuando Paz insiste en colocar a Lévi-Strauss en las tradiciones de la filosofía fenomenológica y del moralismo francés está tratando de rebasar la tensión entre “civilización” y “barbarie”, planteada por la antropología, e intentado reconciliar esa forma del saber con la tradición ilustrada. Paz ve al antropólogo del siglo XX como un descendiente del viajero y el naturalista ilustrado del siglo XVIII. Pero el “moralismo” del antropólogo, a diferencia del de los naturalistas, no le parece “imperial” sino dialógico.
“Lévi-Strauss desconfía de la filosofía pero sus libros son un diálogo permanente, casi siempre crítico, con el pensamiento filosófico y, especialmente, con la fenomenología. Por otra parte, su concepción de la antropología como parte de una futura semiología o teoría general de los signos y sus reflexiones sobre el pensamiento (salvaje o domesticado) son en cierto modo una filosofía: su tema es el lugar del hombre en el sistema de la naturaleza. En un sentido más reducido, aunque menos estimulante, su obra de “moralista” tiene un interés filosófico: Lévi-Strauss continúa la tradición de Rousseau y Diderot, Montaigne y Montesquieu”.
Libros del crepúsculo

jueves, 5 de noviembre de 2009
martes, 3 de noviembre de 2009
El tiempo multiplicado por la ausencia

El viaje de Todorov a Sofía, en 1981, habla de algunas diferencias entre los comunismos del siglo XX. El totalitarismo búlgaro era más rígido aún que el checo o el húngaro, pero más flexible, por ejemplo, que el cubano. En la Habana de los años 80 habría sido inconcebible que el Ministerio de Cultura o la Universidad de la Habana invitaran a Severo Sarduy a impartir una conferencia sobre el neobarroco cubano. Seguramente el propio Sarduy no habría aceptado una invitación de esas instituciones.
Podría imaginarse que el gesto de Todorov de viajar a su patria comunista va acompañado de una visión relativista o académicamente “neutral” sobre Europa del Este. No es así. En el capítulo “La experiencia totalitaria”, Todorov ofrece una de las visiones más críticas de aquellos regímenes que se han escrito en los últimos años. Según él, las tres características de esos sistemas son “la ideología de Estado”, el “uso del terror para orientar la conducta de la población” y la “mezcla de la defensa del interés particular y el reino ilimitado de la voluntad de poder”.
En este último aspecto, el del “reino del interés particular y el poder ilimitado”, Todorov incluye una pertinente reflexión sobre las formas de exclusión y odio hacia el que vive y piensa de manera diferente, que, a su juicio, acercan el comunismo al fascismo. El comunismo vendría siendo, según Todorov, una curiosa síntesis entre el materialismo de Helvetio y la “servidumbre voluntaria” de La Boetie, bajo condiciones de una precariedad económica que impone al ciudadano la prioridad de la subsistencia diaria.
Y sin embargo, este hombre, con esas ideas, viajó a la Bulgaria de Zhivkov. Aquella experiencia le enseñó a Todorov que era un sujeto "duplicado" o “desplazado”. Las frecuentes pesadillas kafkianas en las que aparecía en Sofía, no en París, sin poder salir de la ciudad, se le quitaron después del viaje. El encuentro con su madre le demostró que el tiempo, en el exilio, no se mide cronológicamente. 15, 20, 40, 50 años de exilio son mucho más que quince, veinte, cuarenta o cincuenta años de vida. El tiempo del exiliado, como decía Max Aub, se multiplica con la ausencia.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Ideología y pereza
En su última entrega semanal a Babelia, Antonio Muñoz Molina se queja de que no exista una buena biografía de Santiago Carrillo. Encuentra la razón en que sobre un personaje así, ubicado en el centro de la Guerra Fría, se superponen las visiones más ideológicas de la historia. Los biógrafos comunistas no le perdonan su distancia de Moscú en los años 70. Los biógrafos anticomunistas no le perdonan que se haya opuesto a Franco desde el estalinismo. “La ideología, dice Muñoz Molina, es una forma de pereza, una coartada para no molestarse en aprender”.
Por eso es tan frecuente que unos y otros se acusen mutuamente de olvido. Quienes confunden la historia con el derecho y practican la memoria para “hacer justicia” piensan que recordar la parte criminal o cercana al crimen del pasado de una figura pública es recordarlo todo. Quienes evocan el otro lado, aunque sea para compensar un estereotipo histórico, terminan siendo acusados de “olvidadizos”. Esas guerras de la memoria abortan, entonces, la posibilidad de biografiar a Carrillo como un estalinista que tuvo el coraje de cambiar y convertirse en uno de los fundadores de la democracia española.
En una biografía ideal, dice Muñoz Molina, no podría ocultarse la “tenebrosa historia” de que, consumada la derrota frente a Franco, Carrillo se viera “viviendo en Moscú, en otro mundo, el de los funcionarios comunistas que tenían que aprender los mecanismos tortuosos de la supervivencia en la Unión Soviética, bajo la sombra homicida de Stalin”. Pero en esa misma biografía tampoco debería “desdibujarse la grandeza que los comunistas españoles tuvieron: elegir muy pronto la concordia y la reconciliación, desprenderse de la esclerosis soviética para contribuir con tanta inteligencia y generosidad a la conquista de la democracia”.
sábado, 31 de octubre de 2009
¿Usted es de izquierda o de derecha?
Decía Umberto Eco que Italia es un país de malos estadistas, pero con una eminente tradición de filosofía política. De Maquiavelo a Bobbio, los italianos han producido varias escuelas de pensamiento del derecho y la política, en las que hoy se instruye buena parte de las ciencias sociales contemporáneas. Esa tradición tiene, además, la virtud de la buena escritura: la filosofía política italiana, en la que Giovanni Sartori (Florencia, 1924) ocupa un lugar protagónico, tiene a su favor una prosa heredera de Guicciardini y Vico.
La democracia en 30 lecciones (Taurus, 2009) de Sartori es una excelente introducción a la teoría de la democracia. De Aristóteles a Tocqueville, de Marx a Shumpeter, de Locke a Hayek la democracia ha sido pensada de múltiples formas. Unos la han identificado con el concepto de igualdad, otros con el de libertad. Unos la han asociado a la participación, otros al pluralismo. Sartori recorre las diversas maneras de comprensión de la democracia, desde la antigüedad hasta el postmodernismo, y hace distinciones pertinentes, que chocan con la fuerte tendencia a la simplificación intelectual de la política.
Las distinciones de Sartori cuestionan clichés de izquierda y derecha: "participación" es un concepto republicano, no únicamente “socialista”; socialismo no es sinónimo de comunismo; la democracia electoral no es toda la democracia, pero sin elecciones competidas no hay democracia; no existe uno sino varios tipos de regímenes no democráticos, desde el autoritarismo más flexible hasta el totalitarismo más rígido; multiculturalismo no es pluralismo; sí existe un choque de civilizaciones entre Occidente y el Islam; el mercado y los medios poseen elementos autoritarios; la democracia sí es exportable; la democracia está en peligro.
La democracia en 30 lecciones (Taurus, 2009) de Sartori es una excelente introducción a la teoría de la democracia. De Aristóteles a Tocqueville, de Marx a Shumpeter, de Locke a Hayek la democracia ha sido pensada de múltiples formas. Unos la han identificado con el concepto de igualdad, otros con el de libertad. Unos la han asociado a la participación, otros al pluralismo. Sartori recorre las diversas maneras de comprensión de la democracia, desde la antigüedad hasta el postmodernismo, y hace distinciones pertinentes, que chocan con la fuerte tendencia a la simplificación intelectual de la política.
Las distinciones de Sartori cuestionan clichés de izquierda y derecha: "participación" es un concepto republicano, no únicamente “socialista”; socialismo no es sinónimo de comunismo; la democracia electoral no es toda la democracia, pero sin elecciones competidas no hay democracia; no existe uno sino varios tipos de regímenes no democráticos, desde el autoritarismo más flexible hasta el totalitarismo más rígido; multiculturalismo no es pluralismo; sí existe un choque de civilizaciones entre Occidente y el Islam; el mercado y los medios poseen elementos autoritarios; la democracia sí es exportable; la democracia está en peligro.
Las múltiples direcciones en que Sartori dirige su crítica abren la interrogante sobre dónde está parado el filósofo florentino. La periodista Lorenza Foschini le estampa la pregunta: “pero profesor, usted es de derechas o de izquierdas”. “Buena pregunta -sonríe Sartori-, yo también estoy tratando de averiguarlo desde hace mucho tiempo, pero todavía no lo logro”. A diferencia de Bobbio, Sartori piensa que ambos términos están en crisis desde que la “derecha” comenzó a ser equivocadamente identificada con el liberalismo y, sobre todo, desde que buena parte de la izquierda abandonó el marxismo:
“Una izquierda que carece ya del anclaje del marxismo puede ser una izquierda que nos haga echarlo de menos. Por erróneo que fuese, el marxismo era en todo caso un instrumental doctrinario de respeto. Contra el marxismo se podía discutir, contra la nada o contra la hipocresía se discute malamente”.
jueves, 29 de octubre de 2009
Reyes y Carranza
Buena prueba de la vitalidad de una historiografía académica y de la memoria intelectual de un país es la pluralidad de su panteón heroico. A pesar de que en México son fuertes los cultos a Juárez, Zapata o Villa -figuras que, sin tener demasiadas conexiones, se mezclan con frecuencia en algunas simbologías políticas-, la literatura biográfica mexicana da cuenta de una relación diversa de los sujetos del presente con los héroes del pasado. El panteón heroico mexicano, como el francés, es republicano.
En la excelente colección Centenarios de la editorial Tusquets (México), han aparecido un par de biografías que ilustran ese republicanismo historiográfico. Luego del libro de Mauricio Tenorio, ya comentado en este blog, y de Recordatorio de Federico Gamboa, la bien escrita biografía del escritor y político porfirista de Álvaro Uribe, aparecen ahora Carranza. El último reformista porfiriano (2009), del historiador Luis Barrón, alumno de Friedrich Katz en Chicago y profesor de la División de Historia del CIDE, y Bernardo Reyes. Un liberal porfirista (2009), del historiador neoleonés Artemio Benavides Hinojosa.

Estas dos biografías estudian a personajes del antiguo régimen –“reformista porfiriano”, le llama Barrón, “liberal porfirista”, según Benavides- arrastrados por el torbellino de la Revolución. El papel de ambos en el proceso revolucionario no es comparable: Carranza sí se convirtió en un arquitecto del nuevo orden, Reyes no. Pero ambos historiadores tienen la virtud, tal vez aprendida en lecturas de norteamericanas y francesas, de no entender de manera rígida la frontera entre el antiguo régimen y la Revolución. Una frontera que fue atravesada por Reyes, Carranza y muchos liberales y reformistas mexicanos.
martes, 27 de octubre de 2009
Voluntad de escritura
Poeta, dramaturgo, novelista, ensayista, pintor y cineasta, Aub hizo de su exilio en México una entrega febril a la escritura. En los treinta años que van de su llegada a Veracruz a su muerte, escribió, aparte de las siete novelas que conforman la serie El laberinto mágico, sobre la Guerra Civil, cuatro novelas más, siete libros de cuento, seis de teatro, cinco de poemas, cuatro de ensayo y dos diarios, además de la autobiografía La gallina ciega (1971). La suma de los libros de Aub da a más de uno por año, lo que convierte su exilio en la sobrevida de quien rinde testimonio.

Y fíjate y escucha
cómo Mamá arregla
tu cuarto, oye el ruido
de un armario, mira
… rumor de telas
crujir de sayas;
¿oyes en la cocina
el repiqueteo?
la vajilla, la loza
la porcelana.
Y ronronea el gato,
le acompaña el fuego.
lunes, 26 de octubre de 2009
La reivindicación de Negrín
El 37° Congreso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), celebrado el año pasado, rehabilitó a Juan Negrín López (1896-1956), Presidente del Consejo de Ministros de la República, entre 1937 y 1939, y a otros 35 socialistas españoles, entre los que figura el escritor exiliado en México, Max Aub (1903-1972), que habían sido expulsados de dicho partido en 1946. Hace unos días, en una ceremonia encabezada por el ex vicepresidente, Alfonso Guerra, la nieta de Negrín recibió el carné del PSOE a nombre del último jefe de gobierno de la II República.
Negrín, como es sabido, es uno de los personajes más controversiales de la Guerra Civil española. Como Ministro de Hacienda del gobierno de Francisco Largo Caballero, fue el máximo responsable del traslado a Moscú de más de la mitad de las reservas de oro del banco de España. Bajo su jefatura de gobierno se produjeron los asesinatos de Andreu Nin y varios líderes del POUM y se tomaron decisiones militares, como la retirada de las Brigadas Internacionales y la creación de un cuerpo de carabineros, muy criticadas por diversas corrientes republicanas.

Más allá de que el papel de Negrín siga siendo tema de debate entre los historiadores, es inteligente que el PSOE maneje con pragmatismo la memoria de su legado. El vínculo de Franco con Mussolini y Hitler parecería, desde esta perspectiva, tan natural como el de la República con Stalin. Algo similar hace el PRI en México cuando vindica como fundador, no sólo al general Lázaro Cárdenas, símbolo de la izquierda mexicana, sino a Plutarco Elías Calles, cuyo autoritarismo ha sido severamente juzgado por más de un historiador.
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