
En todo caso, tiene razón Rodríguez: Cabrera Infante vio a los Beatles como parte del fenómeno del "Swinging London". Una revuelta cultural que fascinó al cubano más por el lado del cine, el jazz, el sexo, la psicodelia, la moda y el diseño, que por el del rock. Me recuerda Rodríguez que además de Joe Massot otra conexión fuerte de Cabrera Infante con aquel Londres eran Simon & Marijke, los diseñadores de los primeros álbumes de los Beatles y del Wonderwall de Harrison, y que a pesar de lo que haya dicho luego el cubano, en su momento disfrutó algunos textos de Lennon y McCartney como "I Am the Walrus", que escuchó como "la única equivalencia musical jamás realizada del mundo arbitrario, fantasmal y sin sentido de Lewis Carrol".
Simon Posthuma y Marijke Kooger eran los diseñadores holandeses del grupo de creación The Fool que, junto con el fotógrafo Karl Ferris, se volvieron artistas de culto del Swinging London por su imaginería psicodélica. Hay un treintañero Cabrera Infante, ligado a ese mundo, que luego pierde presencia en la memoria musical del adulto antologado en Mi música extremada o Mea Cuba. De cualquier manera, sigue siendo el autor de Tres tristes tigres uno de los más evidentes puntos de contacto de la cultura cubana con los Beatles. Evidencia que se afianza en la medida en que se vulgariza el culto a Lennon en La Habana y se persiste en el olvido o la negación de uno de los mayores prosistas de la lengua.
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