
Le interesa al fotógrafo captar el tipo de relación funcional que esa clase establece, sobre todo, con la pintura. No es casual que una de sus fotos sorprenda a dos galeristas de la importante casa Sean Kelly, en actitud de cansancio o hastío, a los pies de un gran retrato del ultra comercial artista Kehinde Willey, creador del gigantesco autorretrato, como el Napoléon a caballo de Jacques Louis David, colgado a la entrada del Museo de Brooklyn.
Hace algunos años, Freeberg se involucró en un proyecto similar en Rusia. Visitó cada uno de los grandes museos de ese país, retratando a las babushkas o guardianas que se sientan en una esquina de las salas del Hermitage y la Galería Tretiakov. La relación de las guardianas rusas con el arte era distinta a la de los tecnócratas -aquellas vigilan y estos comercian-, pero en ambos casos se producía un similar proceso de mímesis. Los tecnócratas, como las guardianas, a pesar de ese vínculo instrumental con el arte, comienzan a parecerse a los personajes de los cuadros que cuidan o venden.
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