
Aswany le dijo al ministro en su cara que era un impresentable por sugerir que ellos, los militares en el poder, eran más patriotas que las víctimas de la Plaza Tahrir. Shafik no admitía el heroísmo de los jóvenes egipcios porque él mismo se consideraba un héroe y exigía la veneración del novelista: "I fought in the war... I killed and was killed", pero llevaba décadas viviendo en el poder.
Cuando el reportaje avanza, esta figura admirable del escritor público, que se enfrenta abiertamente al poder, comienza a desdibujarse un poco en el plano estético. Uno esperaría de Al Aswany gustos y modelos literarios más acordes con su generación y con el tipo de revolución que él defiende, pero los estereotipos pesan. La idea de América Latina que posee este admirable demócrata egipcio tiene medio siglo de retraso.
La idea de América Latina que posee toda América Latina tiene medio siglo de retraso. América Latina nunca ha existido ni lo existirá. El concepto lo inventó Napoleón III como excusa para invadir México y hacerle contrapeso a la América anglosajona (EUA). Paradójicamente, pocos países se han tragado el mito de América Latina con tanto placer como México.
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