
El reciente ensayo de Wendy Lesser, Music for Silenced Voices: Shostakovich and His Fifteen Quartets (Yale University Press, 2011), es un magnífico ejemplo de lo contrario. Lesser es escritora -novelista y crítica por más señas- pero posee suficientes conocimientos musicales como para adentrarse en los quince cuartetos de Dimitri Shostakóvich y desentrañar sus referentes germánicos (Beethoven, Brahms, Mahler) y rusos (Mussorgsky, Prokofiev, Stravinsky), además de encontrar, en intrincada pesquisa, resonancias de los tormentos físicos y espirituales de Shostakóvich en sus célebres composiciones para cuerdas.
Paralelo a esta hermenéutica de la música de cámara, corre la historia de los encuentros y desencuentros del músico con el poder soviético. Pero no se trata de un paralelismo sin contactos: el libro de Lesser está concebido como una composición (sus capítulos se llaman Elegía, Serenata, Intermezzo, Nocturno…) en la que la política de Shostakóvich no es ajena a su música. La protección de Trotsky y Tujachevski en los años 20, el distanciamiento con Stalin en los 30, la estigmatización del músico entre los 40 y 50 y su reivindicación en los años 60, que lo llevó a ingresar al Partido Comunista y a formar parte del Soviet Supremo, son tramas que dejaron huellas en la obra sinfónica y concertística de Shostakóvich.
Según Lesser, el gran proyecto artístico de Shostakóvich fue siempre –o tal vez, desde Lady Macbeth en Mtsensk (1934)- la adaptación de un espíritu occidental o cosmopolita a una sonoridad rusa. Desde un punto de vista ideológico, el propósito del estalinismo y el comunismo habría sido el inverso: proyectar universal u occidentalmente un espíritu ruso. Ese cruce de sentidos entre la obra de Shostakóvich y el régimen soviético permitió tanto la ruptura como la negociación entre genio y poder.
Suena como un interesantisimo libro. Muchas gracias por la recomendacion. Saludos, E
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