
Sin miedo a ser catalogado como “dinosaurio” de la “estirpe reporteril”, Anderson sostiene que la crónica y el reportaje no desaparecerán, ya que son la fuente primordial de la historia moderna. Antes de que se escribieran los primeros tratados sobre la colonización americana, ya había crónicas y reportajes sobre aquel hito: “los primeros periodistas eran frailes que acompañaban a los expedicionarios, son las crónicas, los diarios ¿Qué sabemos de la conquista de las Américas? Nos fascinan por su instantaneidad, nos llevan a un momento que ya no existe, como las cartas de Roger Casement desde el Congo”.
Confiesa Anderson que intentó reportear el terremoto de Haití por medio de un blog y que nunca llegó a sentirse a sus anchas: “no sé si llegué a adquirir el gusto, pero no conseguí quitarme la impresión de que me estaba serruchando el suelo de la narrativa”. Un suelo que tiene que ver más con el tiempo que con el espacio. Anderson piensa que el reportaje o la crónica requieren tiempo: tiempo para ser escritos, tiempo para ser leídos y tiempo, también, para que la inmediatez de los hechos sea procesada por el periodista y el lector.
Muy interesante, pero estoy en total desacuerdo con la opinion de Anderson. Las recientes manifestaciones anti-gubernamentales en Iran demostraron que twitter y los blog pueden ofrecer reportajes muy vitales, espontaneos, e incluso colectivos, apegados al instante en el que se producen los hechos. Si se piensa en un reportaje mas complejo, con analisis mas especializados y con datos sacados de fuentes de informacion mas rigurosas, entonces posiblemente los blogs no sean lo mas apropiado. Pero esto incluso es bastante discutible, ya que el blog admite ser escrito en una serie de ensayos. Ademas, permite re-hacerse, enmendarse y hasta contar con un feedback de los lectores, cosa que en un reportaje -entendido en un sentido mas tradicional- no siempre puede o suele hacerse.
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